Bartolomé Cairasco de Figueroa (1538-1610)
El poeta, dramaturgo y músico canario Bartolomé Cairasco de Figueroa (o Cayrasco de Figueroa), considerado padre de las letras canarias, nace en Las Palmas de Gran Canaria en 1538, descendiente de emigrantes ítalo-nizardos/genoveses y de canarios aborígenes. En 1553 viaja a Sevilla para formarse en Letras y Teología, tras lo cual toma posesión de una canonjía de la Catedral de Santa Ana (Catedral de Las Palmas). En 1555 amplía estudios en Portugal, regresando a Gran Canaria para ordenarse sacerdote en 1558. Después de un prolongado periodo de viajes por Italia, se establece en su ciudad natal en 1569.
Hacia 1565 Cairasco comienza a cultivar el ‘verso esdrújulo’, del que llega a ser su máximo exponente, recibiendo la admiración de los escritores Miguel de Cervantes y Lope de Vega, y ejerciendo una influencia importantísima en el poeta Luis de Góngora. En 1580 funda la primera academia y tertulia humanística de Canarias, la ‘Academia del Jardín’, dedicada a Apolo Délfico -dios mitológico patrono de la Música y la Poesía-, atrayendo a un gran número de artistas, literatos y músicos; la también llamada ‘Academia del Apolo Délfico’ se reunía en los jardines de la residencia del poeta, espacio que ocupa hoy el Gabinete Literario en la Plaza Cairasco de Las Palmas de Gran Canaria.
Cairasco ayuda de manera activa en la defensa victoriosa de Gran Canaria contra los ataques de las armadas lideradas por los corsarios Francis Drake y John Hawkins (1595) y por Pieter van der Does (1599), episodios celebrados en varios de los poemas del poeta. Traduce al español el poema épico ‘Jerusalem Libertada’ de Torquato Tasso, añadiendo, además, un largo ciclo de octavas reales propias, en las que describe las grandezas del archipiélago canario. Su obra cumbre es el ‘Templo Militante’, publicado en cuatro tomos de 1602 a 1614.
Cairasco de Figueroa fue también un músico notable, autor de chanzonetas y madrigales, y cantor y organista de la catedral. Ocupando cargos eclesiásticos cada vez más importantes, llega a ser Secretario y Maestro de Ceremonias de la misma.
En la Iglesia de S. Francisco de Asís de la capital grancanaria se encuentra la ‘Capilla Cairasco’, capilla perteneciente a la familia Cairasco (fundada por Mateo Cairasco, padre del poeta); Bartolomé financia la reconstrucción de esta capilla después de que la iglesia sufriera los ataques de las tropas del pirata holandés van der Does.
Bartolomé Cairasco de Figueroa fallece en su ciudad natal en 1610, recibiendo sepultura en la Capilla de Santa Catalina de la Catedral de Las Palmas.
Selección de poemas de Cairasco
La Selva de Doramas
Éste es el bosque umbrífero
que de Doramas tiene el nombre célebre,
y aquestos son los árboles
que frisan ya con los del monte Líbano,
y las palmas altísimas,
mucho más que de Egipto las pirámides,
que los sabrosos dátiles
producen a su tiempo, dulces támaras.
Aquí de varia música
hinchen el aire los pintados pájaros;
la verde yedra errática
a los troncos se enreda con sus círculos;
y más que el hielo, frígidas,
salen las fuentes de peñascos áridos.
Aquí de Apolo Délfico
no puede penetrar el rayo cálido,
ni del profundo Océano
pueden dañificar vapores húmidos.
Aquí con letras góticas
se escriben epigramas, nombres, títulos,
en árboles tan fértiles,
que parece que estuvo regalándose
en ellos el artífice
de la terrena y la celeste fábrica.
Aquí pues, de la próspera
Fortuna está gozando un fuerte bárbaro,
que por sus propios méritos
alcanzó la corona y regia púrpura,
y en la terrestre máquina
es celebrado en ejercicio bélico.
Doramas es el ínclito
nombre de aqueste capitán indómito.
Octavas
(a una dama que no la podía haber)
Ingrata, desleal, falsa, perjura,
inconstante, crüel y fementida,
¿es éste el premio de mi fe tan pura,
es ésta la esperanza prometida?
¿Tan mal se emplea en ti la hermosura?
Como el amor, por ser desconocida,
no me espantó de ti, de mí me espanto,
que a tan frágil pastora quise tanto.
Mas yo haré en mí propio tal castigo,
que pueda ser ejemplo en toda parte:
crüel me sea el cielo y enemigo
si volviere los ojos a mirarte.
A ti misma presento por testigo
si me sobra razón para dejarte,
pues dejas un secreto y firme amante
por otro falso, público, ignorante.
Al son de mi rabel, con que solía
celebrar tu beldad y gentileza,
celebraré de hoy más la tiranía
que das por galardón a mi firmeza:
diré la ingratitud y alevosía,
la falsedad, mudanza y ligereza
de aquese corazón empedernido,
que sólo para mí tan falso ha sido.
¿Ya no te acuerdas, -di, crüel tirana-,
de aquel dulce mirar en que decías
que no habría en el mundo lengua humana
que explicase el amor que me tenías?
Llevose el viento la esperanza vana
que con falso mirar me prometías:
a mí me diste un corazón fingido
y el verdadero a otro lo has rendido.
Las tiernas flores deste fértil prado
vuélvanse espinas cuando yo pasare;
las fuentes do veniere mi ganado
amargas siempre el cielo las depare,
si no me pesa por haberte amado;
y plega a Dios, pastora, si te amare,
que nunca tenga una hora de contento,
pues pagaste tan mal mi pensamiento.
¡Adiós, Marcela, adiós!, que ya mis ojos
no irán a verte desde el alta cumbre;
ya no te cansaré con mis enojos,
ni te darán mis cartas pesadumbre.
Ruégote por mis últimos despojos,
por el tiempo que estuve en servidumbre,
que no digas, crüel desconocida,
a nadie que de mí fuiste querida.
Soneto
Un fuego helado, un encendido hielo,
tiniebla clara, claridad obscura,
vida que mata, muerte que asegura,
consuelo triste, alegre desconsuelo;
firmeza irresistible, infirme vuelo,
dudoso puerto, tempestad segura,
florido invierno, mayo sin ventura,
forzosa voluntad, dulce martelo;
prado lleno de flores y de abrojos,
mar donde reinan juntos viento y calma,
monstruo que no hay viviente que no asombre,
veneno que se bebe por los ojos
y tiene su lugar dentro del alma:
esto es amor, y Amor mi propio nombre.
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